La reflexión de hoy está en el Salmo capítulo 63, echemos un vistazo:

Dios, Dios mío eres tú;
    De madrugada te buscaré;
    Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
    En tierra seca y árida donde no hay aguas,

Para ver tu poder y tu gloria,
Así como te he mirado en el santuario.

Porque mejor es tu misericordia que la vida;
Mis labios te alabarán.

Así te bendeciré en mi vida;
En tu nombre alzaré mis manos.

Como de meollo y de grosura será saciada mi alma,
Y con labios de júbilo te alabará mi boca,

Cuando me acuerde de ti en mi lecho,
Cuando medite en ti en las vigilias de la noche.

Porque has sido mi socorro,
Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

Está mi alma apegada a ti;
Tu diestra me ha sostenido.

Pero los que para destrucción buscaron mi alma
Caerán en los sitios bajos de la tierra.

10 Los destruirán a filo de espada;
Serán porción de los chacales.

11 Pero el rey se alegrará en Dios;
Será alabado cualquiera que jura por él;
Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada.

Dios, Dios mío eres tú;
    De madrugada te buscaré;
    Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela

¿Podemos decir nosotros al igual que el salmista: Mi carne te anhela? Es muy cierto que Dios permite esos momentos duros para que sintamos esa motivación de buscarle a Él. También es cierto que cuando nos encontramos muy cómodos  se nos olvida buscar a Dios y Él tiene que ponernos en esos momentos para que entendamos que fuera de Él nada somos.

El salmista dice algo muy importante en el versículo 3: “Tu misericordia es mejor que la vida”. La nueva versión internacional no los dice de una forma más clara: “Tu amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán”. En este Salmo encontramos a una persona que tiene bien claro que lo más importante es Dios, que sin Él no se puede vivir, que Dios es más que la vida misma, puesto que hay personas que aunque tengan vida están muertos porque no tienen a Dios.

Te invitamos a que cada día hagas como el salmista, que bendigas a Dios en tu vida, y que alces tus brazos en su nombre, porque por Él respiramos, nos movemos y somos.

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