(www.christiantoday.com) — La pereza es un rasgo que a menudo consideramos sencillo y muy fácil de cambiar. Tristemente, la realidad de todo es que la pereza nos puede causar un daño enorme, y, a menos que decidamos por la gracia de Dios no ser perezosos, todos caeremos víctimas de sus peligros.

Para ayudarnos a entender lo serio de la gravedad de la materia pereza y para motivarnos a no ser perezosos, a continuación les mostramos algunos de los peligros planteados por la pereza – de acuerdo a la Biblia.

1. La pereza trae consigo escasez

Si queremos comer bien y vivir en una casa decente, con ropa cómoda y la extravagancia agregada de conexión a Internet continua en nuestros teléfonos móviles, entonces no podemos darnos el lujo de ser perezosos.

La pereza trae escasez a nuestras vidas. Se han visto y escuchado historias de personas que pierden la riqueza que heredaron de sus padres, simplemente porque disfrutaron de la buena vida y despreciaron el valor del trabajo duro y el ahorro de lo que tenían. Por desgracia, los años de trabajo dedicados por sus padres fallecidos sólo para ahorrar para ellos se vuelven inútiles en poco tiempo.
Proverbios 10: 4-5 nos dice:

La mano negligente empobrece;
Mas la mano de los diligentes enriquece.

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El que recoge en el verano es hombre entendido;
El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.

Proverbios 10: 4-5

2. La pereza puede hacernos perder nuestros empleos

¿Quieres tener un trabajo decente – y permanecer mucho tiempo en él? Entonces no seas perezoso. La pereza es un rasgo que ningún empleador o jefe querrán que sus trabajadores que tengan. Proverbios 10:26 perfectamente explica esto:

Como el vinagre a los dientes, y como el humo a los ojos,
Así es el perezoso a los que lo envían.

3. La pereza nos priva de nuestro derecho a comer

Eso es muy fuerte. Honestamente hablando, si usted tiene un empleado que es perezoso en su trabajo, pero exige que le paguen extravagante, ¿le concedería su demanda? Probablemente no. De la misma manera, si somos perezosos, no obtenemos el derecho a exigir de ser bien alimentados – a menos que estemos muy enfermos y no podamos trabajar.

Pablo habló de esto en 2 Tesalonicenses 3:10:

Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.

Proverbios 10: 3 también nos dice:

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Jehová no dejará padecer hambre al justo;
Mas la iniquidad lanzará a los impíos.

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