Muchos cristianos andan buscando fervientemente encontrar una revelación y utilizan diferentes métodos para encontrar esa revelación divina, y gran parte quieren aún llegar un poco más lejos y escuchar la voz del mismo Dios.

Verdaderamente en la antigüedad hubo hombres de Dios que llegaron a escuchar la voz de Dios. Uno de ellos es el caso de Moisés, al cual Dios le hablaba en el monte:

Después de salir de Refidín, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon en el desierto. Acamparon allí, delante del monte. El Señor llamó a Moisés desde el monte, y Moisés subió para hablar con Dios. Y Dios le dijo:

«Habla con la casa de Jacob. Diles lo siguiente a los hijos de Israel: “Ustedes han visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo los he tomado a ustedes y los he traído hasta mí sobre alas de águila. Si ahora ustedes prestan oído a mi voz, y cumplen mi pacto, serán mi tesoro especial por encima de todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y un pueblo santo. Estas mismas palabras les dirás a los hijos de Israel.”»

Éxodo 19:2-6

También tenemos a Samuel, que la escuchó pero no la pudo reconocer, hasta que Elí le dijo lo que tenía que hacer:

1 El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.

2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver,

3 Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,

4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.

5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.

6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.

7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.

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8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.

9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.

10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: !!Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

1 Samuel 3:1-10

O Gedeón, que con una revelación física de Dios dudaba y pidió hasta tres señales

17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.

18 Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.

19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina.

20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.

21 Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista.

22 Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara.

Jueces 6: 17-22

36 Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho,

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37 he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho.

38 Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua.

39 Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra.

40 Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío.

Jueces 6: 36-40

Podríamos seguir citando muchos ejemplos más, de cómo Dios se le manifestaba y le habló a muchos personajes del Antiguo Testamento. Pero en el Nuevo Testamento ocurre algo, y es que ya Dios no hablaba directamente al hombre como lo hacía en el Antiguo Testamento. Ya no era necesario, pues sus revelaciones y maravillas estaban escritas. Hermanos, tenemos la Biblia. La Biblia es la Revelación de Dios. ¡Cuántas maravillas hay escritas en ese Libro de libros! En ese Libro encontramos la maravilla de la creación, la promesa hecha a Abraham, cómo Dios dividió las aguas del Mar Rojo para librar a Israel de Faraón, la caída de los muros de Jericó, la resurrección del hijo de la viuda, el aceite multiplicado, Daniel en el foso de los leones, Jonás y la ballena, etc.

Todos los milagros anteriores y muchos más están escritos en la Santa Palabra de Dios. No necesitamos buscar más. La Revelación de Dios a nosotros ya está dada y es La Biblia. No es necesario que procuremos más, porque, como dijimos en nuestro artículo ¿Sigue Dios hablando al hombre como en el Antiguo Testamento?, la fe viene por el oír, pero ¿el oír qué? El oír la Palabra de Dios. De manera que, amados hermanos, sigamos estudiando la Biblia, que es la Revelación de Dios.

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