La doctrina de la justificación es sumamente importante, pero se borra toda su importancia si antes no procuramos entender la depravación del hombre, puesto que surgen algunas preguntas: ¿de qué somos justificados? ¿de qué somos salvos? Es por esto que para entender algunos temas primero debemos entender otros.

No podemos hablar de “depravación total” sin antes mencionar lo que ocurrió en el libro de Génesis. Vemos que en capítulo dos Dios le da un mandato al hombre el cual no debía ser violado, mas en el capítulo tres el hombre desobedece ese mandamiento divino, por lo cual el pecado lo lleva a la muerte espiritual, y lo lleva de un estado de “perfección” a uno de “imperfección”. Luego de este suceso tan drástico la Biblia nos  enseña en Génesis 4 la envidia que Caín sintió por su hermano Abel, el cual terminó quitándole la vida (v.8). Génesis capítulo 6:5 nos revela:

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.

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Este versículo me encanta para enseñar sobre la depravación total, pues en Génesis 6 vemos una maldad increíble que el ser humano poseía, y esto cada vez se multiplicaba más, dice que los pensamientos del corazón de ellos era “solamente” de continuo al “mal”. Este verso nos habla de algo que es progresivo, y era lo único que ellos deseaban: “el mal”, y por esto es que el salmista nos dice: Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Salmos 14:3), lo cual Pablo cita en romanos capítulo 3.

En toda la Biblia continuamos estudiando como el pueblo de Israel se desviaba hacia el mal en muchas ocasiones y como el hombre a partir de lo antes mencionado pasa a ser un hombre “imperfecto”, que el pecado mora en él. El apóstol Pablo nos enseña más sobre esto y utiliza sus tres primeros capítulos de la carta a los Romanos para hablar sobre la depravación del hombre. En el capítulo uno a partir del versículo 18 nos habla de como el hombre ha ignorado a Dios. En el capítulo 2 hace referencia a que el hombre no tiene excusa, presentando al hombre como culpable:

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Pero por causa de[b] tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.

En el capítulo 3 nos dice que el hombre a través de toda su existencia su corazón se ha desviado al mal.

Para finalizaremos con la depravación total con una cita de Juan Calvino:

Si esto es el estado natural del hombre, se plantean las siguientes preguntas; ¿pueden los muertos darse vida a sí mismos? ¿Pueden los ciegos darse vista a sí mismos, o los sordos darse el oído? ¿Puede el no instruido enseñarse a leer a sí mismo? ¿Puede el naturalmente pecaminoso cambiarse a sí mismo? Seguro que no. “¿Quién puede sacar algo limpio de lo impuro?” pregunta Job; y contesta, “Nadie” [Job 14:4]. “¿Mudará el negro su pellejo, y el leopardo sus manchas?” [Jeremías 13:23] La depravación llega a tal punto que, siendo ofrecida la salvación a todos, todas las personas la rechazan, prefiriendo estar en sus pecados “Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.” [Juan 3:19]

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