Estamos viviendo tiempos sumamente peligrosos y la iglesia no debe ver al mundo como un hogar, tampoco lo tenemos que mirar como un amigo. Recordemos que siglos atrás la iglesia fue fuertemente perseguida, y que ese mismo lobo que se quiere vestir de oveja nos perseguirá nuevamente, tal y como está pasando en muchos países. ¿Debemos de estar tranquilos por que no veamos persecusión? La respuesta es no.

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En muchos países escuchamos a diario que cristianos son muertos por su fe y al mundo esto no le interesa, se quedan mudos y silenciosos, ¿saben por qué? Porque el mundo no es nuestro amigo, y a veces a la iglesia se le olvida esto y quiere hacer cierta amistad con el mundo, compartiendo las mismas cosas que ellos hacen. En países musulmanes radicales según estadísticas, se dice que cada 5 minutos muere un cristiano por su fe, esto quiere decir que en un año mueren apróximadamente 105,120 cristianos, ¿increíble no? Esto debe alertarnos de que no nos vemos bien ante los ojos del mundo.

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Hay algo muy importante que debemos entender, y es algo que dijo el apóstol Santiago:

¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Santiago 4:4

Santiago les llamó adulteros y a la vez por medio de una interrogante les recordó que la amistad con el mundo crea enemistad con Dios. No hemos sido llamados para traer las cosas del mundo a nuestras iglesias, hemos sido llamados a llevar las cosas de Dios al mundo. Me aturde cuando escucho a muchos cristianos crear métodos para poder atraer a las personas, cuando esto métodos lo único que hacen es una representación del mundo y obviamente ellos serán atraídos por el mismo mundo que les acaban de presentar. Hemos sido llamados a predicar el evangelio, ¿qué es el evangelio? la vida, muerte y resurreción de Jesús. Es lo único que debemos presentarle al mundo, pero cuando obviamos el mensaje del evangelio y les enseñamos exactamente lo que ellos desean no estamos haciendo más que volvernos dos veces más hijos de la condenación.

Amados, no seamos como el mundo, no intentemos traer el mundo a nuestras iglesias, presentemos a Dios al mundo. Es nuestro trabajo, es nuestro legado. ¡Nuestro gran legado!

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